Cuaderno de bitácora 12/9

El pasado miércoles apareció sin vida el cuerpo de un pequeño de tres años, solo, en su cuarto, en la calle Juzgado. Para aquellos que no conozcan el barrio totalmente, hay que decir que esta calle se encuentra a escasos metros de la Parroquia de San Julián, en lo que se denomina “los callejones”, en pleno corazón del barrio y que tiene su noche cuando la Hermandad de la Hiniesta la cruza el Domingo de Ramos a su vuelta al templo ya de madrugada. Sin que aún se sepan las circunstancias del fallecimiento, sean las que sean , nos produce una gran tristeza y estamos seguros de que, de alguna manera, a todos sin excepción nos ha producido un extraño desasosiego.

Cuando todas nuestras preocupaciones parecen focalizadas en la pandemia, una muerte de estas características nos devuelve a algo más cotidiano y terrible. El fallecimiento de una criatura, cerca, muy cerca de todos nosotros,  aún sin conocerlo produce dolor. Sabemos que nuestra Madre Hiniesta lo tendrá a su lado, que sus vecinos estarán tristes, que pronto se aclararán las circunstancias en las que se produjo el óbito y nos gustaría que los hermanos de la Hiniesta lo tuvieran presente en sus oraciones. La cruda realidad nos vuelve a golpear de nuevo para que no olvidemos que la solidaridad debe estar presente siempre en nuestros corazones, sin distinción alguna de raza o credo. 

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