Cuaderno de bitácora 20/9

Muchas veces a la hora de redactar los programas electorales se nos llena la boca hablando de dar contenido a los cultos, de ponerlos en valor, añadir el uso de la coral , o apoyo musical, y se nos olvida lo principal, llegada la hora, asistir a ellos. Hay que predicar con el ejemplo. Debemos ser conscientes de que el mundo de hoy esta lleno de compromisos de todo tipo, familiares, sociales…Incluso en estos tiempos de limitadas tentaciones, no encontramos tiempo para algunas cosas esenciales. De nada sirve un nuevo baldaquino para nuestra Patrona si a la hora de la verdad no asistimos a su traslado al altar del Corpus donde, por cierto, la presencia de cirios azules es bastante exigua, o a su besamanos. Al final la gente del barrio es precisamente la que acude más a estos cultos.

Es un problema real, que lleva décadas arrastrándose y que diversas juntas, aun intentándolo, no han conseguido erradicar. Estamos, pues, con un problema de raíz, cuya su solución pasa por entender su origen. Quizás la solución esté en nosotros mismos, en concienciarnos del compromiso que adquirimos cuando nos hacemos de una hermandad. No tenemos la formula mágica para ello, pero sí la preocupación por la situación. Quizás falte la conexión entre los hermanos y la auténtica religiosidad para entender que son oportunidades durante todo el año para hacer una verdadera convivencia entre hermanos y vecinos. Unos cultos extraordinarios no son un escaparate lujoso de una hermandad, son la base para construir una auténtica hermandad.

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